Golpe de calor: urgencia prevenible que puede poner en riesgo la vida
Las altas temperaturas que se registran durante el verano representan un riesgo para la salud, en especial cuando se asocian con humedad elevada, exposición prolongada al sol y falta de hidratación adecuada. Una de las consecuencias más graves de esto es el golpe de calor, una urgencia médica que requiere reconocimiento y actuación precoz.
Como parte del equipo de salud nos parece importante informar a la población sobre esta problemática, ya que el golpe de calor es prevenible, pero puede tener consecuencias severas si no se actúa a tiempo.
Su incidencia va en aumento asociado, a las más frecuentes “olas de calor”, vinculadas al cambio climático.
¿Cómo definimos golpe de calor?
El golpe de calor ocurre cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura. Esta se eleva rápidamente, con valores superiores a los 40 °C. En estas circunstancias, los mecanismos normales de enfriamiento (como la sudoración) dejan de ser efectivos, generando un compromiso general del organismo.
No se trata de un simple malestar por calor, sino de una emergencia médica que puede afectar el funcionamiento del cerebro, el corazón, los riñones y otros órganos vitales.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Si bien cualquier persona puede sufrir un golpe de calor, existen grupos especialmente vulnerables: Edades extremas: niños, lactantes y ancianos. Personas con enfermedades crónicas (cardíacas, respiratorias, renales, neurológicas). Hipertiroidismo. Pacientes que toman determinados medicamentos (diuréticos, psicofármacos, antihipertensivos). Personas que realizan actividad física intensa o trabajan al aire libre. Personas con acceso limitado a agua potable. Alcoholismo.

Síntomas de alarma
Reconocer los signos tempranos es clave. Los síntomas más frecuentes incluyen: Temperatura corporal elevada. Piel caliente, enrojecida y seca (aunque en algunos casos puede haber sudor). Dolor de cabeza intenso.
Mareos, náuseas o vómitos. Debilidad, confusión, irritabilidad o alteración del estado de conciencia.
Taquicardia y respiración acelerada.
¿Qué hacer frente a la sospecha de un golpe de calor?
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Trasladar a la persona a un lugar fresco y ventilado.
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Retirar el exceso de ropa.
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Iniciar enfriamiento corporal (paños húmedos, duchas con agua fresca si es posible).
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Ofrecer líquidos frescos si la persona está consciente y puede beber.
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Solicitar asistencia médica inmediata o activar los servicios de emergencia.
El golpe de calor no se resuelve solo y siempre requiere evaluación médica. La prevención es la herramienta más efectiva. Prevenir es el pilar fundamental: mantener una hidratación adecuada durante todo el día, incluso sin sensación de sed; evitar la exposición al sol entre las 11 y las 17; usar ropa liviana, clara y sombrero o gorra; permanecer en ambientes frescos o ventilados; reducir la actividad física en días de calor extremo; prestar especial atención a personas mayores, niños y pacientes con dependencia o movilidad reducida.
Conclusión: En un contexto de temperaturas cada vez más extremas, la prevención del golpe de calor es un compromiso compartido. Informarse, estar atentos a los signos de alarma y proteger a las personas vulnerables, es clave para reducir riesgos y evitar complicaciones. Frente a la duda no minimice los síntomas, actuar a tiempo es fundamental, consultar a tiempo puede marcar la diferencia entre una situación controlable y una urgencia grave.










