Liderazgo para los cambios en la educación

Parece ya lejano en el tiempo el anuncio del presidente Tabaré Vázquez, formulado en el inicio de este período de gobierno, de que iba a “cambiar el ADN de la educación” en el Uruguay, un planteo que seguramente contara con el apoyo de la enorme mayoría de la ciudadanía.
Pero en poco tiempo el optimismo presidencial se esfumó simplemente porque la bola de nieve corporativa dentro de la educación, sobre todo los gremios de docentes, hicieron trizas todo intento de innovación, y el resultado fue que los profesionales a los que Vázquez había encargado ser los actores principales para cambiar de rumbo en la formación de los estudiantes en el Uruguay, debieron renunciar por la presión de estos sindicatos. La ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, se mantuvo neutral o estuvo del lado de los detractores, por lo que en los hechos no apoyó el presunto cambio de ADN.
Lamentablemente los antecedentes de Vázquez en la materia tampoco eran buenos, porque en su primer período, cuando se aprobó la Ley de Educación, lo único que se hizo fue darle mayor poder a los sindicatos en la conducción de los órganos rectores en la educación, y por lo tanto se mantuvo el statu quo, más allá de algún logro parcial.
Pero en cambio se ha mantenido como bandera y se han seguido llevando adelante los congresos nacionales de la educación, un ámbito incorporado para ser canalizador de inquietudes de ciudadanos y de todos los actores que tienen que ver con la educación, para procesarlos y de alguna manera encontrar mecanismos para llevar adelante las correcciones del caso en el sistema educativo.
En el último congreso, que tuvo lugar en Maldonado, hubo poca participación y escasas definiciones.
El primero de esos congresos llevó el nombre del maestro Julio Castro, se celebró en 2006, con más de 700 delegados y las resoluciones allí tomadas sirvieron como insumo para la posterior Ley de Educación de 2008. El segundo congreso “Reina Reyes” fue celebrado en 2013 y a él asistieron 500 delegados, en tanto este fin de semana en el tercer congreso, realizado en Maldonado y denominado “Enriqueta Compte y Riqué”, logró una asistencia que no superó los 400 acreditados.
Respecto a este evento, el exdirector de Educación, Juan Pedro Mir, quien precisamente fue uno de los renunciantes a quienes había encargado Vázquez el cambio de ADN, consultado por El Observador preguntó: “¿Cuánto hay de gestualidad política y cuánto hay de realidad política?”, respecto al Congreso Nacional de Educación.
Los primeros en decir que no serían parte de la comisión organizadora del evento de este fin de semana fueron el Partido Independiente y Unidad Popular, ya que no estaban conformes con el funcionamiento de las convocatorias anteriores. El Partido Nacional decidió sacar de la comisión organizadora del Congreso a su representante luego de presentar varias propuestas y que la mayoría de ellas no fueran tenidas en cuenta. El congreso también perdió el apoyo de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) y las Asamblea Técnico Docente (ATD) de Primaria. Por su parte, la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria (Fenapes) no envió representantes al plenario final, ya que coincidía con actividades del gremio.
Aún así, la subsecretaria de Educación, Edith Moraes, hizo una evaluación “muy positiva” del plenario final del congreso. “Se pudo trabajar de manera ordenada y en un clima de democracia en el que todos pudieron dar su opinión”, dijo. Una de las conclusiones que quedó plasmada en su documento final es un planteo recurrente y en el que siempre se pone énfasis: la falta de presupuesto. El hecho es que la mayoría de los recursos que se han agregado se han ido en salarios y gastos de funcionamiento, y por lo tanto el esfuerzo hasta ahora no ha servido de nada, al menos en lo que respecta a resultados.
Es pertinente señalar que tanto los niveles de ausentismo de los alumnos como la repetición son dos de los temas a los que Mir hace referencia como problemas centrales de la crisis educativa uruguaya, pero ninguno de estos fue tratado en el congreso y Moraes atribuye esta falta a que “no estaban en ninguno de los ejes planteados”.
Mir concuerda en que a Uruguay le falta un acuerdo nacional de educación, aunque aclaró que “un Plan Nacional de Educación que no tome como insumos los propios elementos que el Estado tiene identificados como parte de la crisis educativa, es un plan que nace condenado a ser un mero saludo a la bandera”.
Pero sin dudas un aspecto central es que no puede pensarse que los cambios que necesita la educación puedan salir de planteos y aquiescencia de quienes en términos generales son parte del problema, que son los gremios de docentes y de funcionarios, que consideran este sector como su feudo inexpugnable y por las dudas se oponen a cualquier cambio que de que alguna manera les reste poder o los saque de su zona de confort.
La educación debe responder al ciudadano, al interés general, representado en el sistema político y en otros actores que están dentro y fuera del sistema educativo. Es impensable que salga algo positivo solo de quienes están dentro del sistema y tienen intereses particulares o sectoriales implícitos.
Por encima de ideologías, se necesitan aportes y respuestas que eleven las miras por encima de esos cortoplacismos e intereses, y en este sentido es de esperar que puedan surgir propuestas y se cuente con la voluntad política de llevarlas a cabo, en base a trabajos como el que está desarrollando EdUy21, integrados por profesionales de diversas ideologías y representantes de todos los partidos.
Estos han estado trabajando en la elaboración del “Libro Blanco: hoja de ruta para un cambio educativo profundo y sustentable 2020-2030”, con la idea de creación de un sistema inclusivo y sustentable, con pautas como marco curricular común, autonomía para los centros educativos, liderazgo político, nuevo estatuto docente y la creación de un presupuesto quinquenal, además de dejar en claro “para qué y en qué” es que hay que educar.
Porque para empezar, no hay nada mejor que hacerlo por el principio.

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