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Paysandú, Lunes 20 de Marzo de 2017

La cuota, lo políticamente correcto y la hipocresía

Opinion | 17 Mar Tras un debate en el que se formularon agregados y quitas al proyecto inicial, la Cámara de Senadores aprobó el miércoles por unanimidad el proyecto de ley que extiende indefinidamente la cuota femenina en la confección de las listas que se presenten para las contiendas electorales en nuestro país, que en esencia apunta a generar una mayor presencia de la mujer en el ámbito parlamentario, donde hay una sobrerrepresentación masculina.
El proyecto pasa ahora a consideración de la Cámara de Diputados, donde también se dará un debate que podría reafirmar lo votado en el Senado o eventualmente incorporarle cambios que darían lugar a una nueva instancia parlamentaria definitoria.
En el debate en el Senado, --esta reivindicación en realidad es transversal a todas las colectividades políticas-- fue considerado un texto consensuado tras cambios a la iniciativa original, y se manifestó la necesidad de aprobar una nueva ley de cuota femenina en el Parlamento.
A juicio de los defensores de la cuota, el proyecto si bien no asegura la "paridad", fija la cuota de género en "órganos electivos nacionales y departamentales y de dirección de los partidos políticos".
Igualmente, la iniciativa no asegura la misma cantidad de hombres y mujeres en los cargos, sino que reedita indefinidamente el régimen utilizado en las elecciones de 2014 y 2015 y establece que debe haber por lo menos una mujer cada dos hombres en cada lista.
El proyecto acordado por los partidos deja por el camino la intención original de asegurar que las vacantes generadas por legisladores sean llenadas por personas del mismo sexo, es decir que se mantuviera la cuota. Ello ha sido recibido con cuestionamientos por las legisladoras proponentes, al punto que para la senadora del Frente Amplio Constanza Moreira, el proyecto "tiene sabor a poco para muchas que queríamos la paridad", aunque destacó que "cediendo todos un poco" se logró contar con la unanimidad para asegurar que la cuota política no tenga fecha de finalización.
Aseguró que continuará luchando por la paridad y confió que la Cámara de Diputados pueda mejorar el acuerdo alcanzado por los partidos para las suplencias. La también senadora del Frente Amplio Daniel Payssé pidió a los partidos que introduzcan acuerdos políticos para no repetir nombres de mujeres en las listas, de forma de evitar "floreros" para cumplir con las cuotas.
Por su parte, la senadora del Partido Nacional Verónica Alonso consideró que la ley servirá para incrementar la participación política de las mujeres y pidió que sea acompañado por "el empoderamiento político de las mujeres y su participación en la toma de decisiones".
Alonso rechazó la frase de que "los hombres hacen política y las mujeres pasan por la política" y aseguró que "con estas herramientas y la determinación, la convicción, el apoyo popular y la lucha diaria... podemos decir claramente que las mujeres hoy también hacemos política y llegamos para quedarnos y ser más, muchas más".
"Apostamos a que más mujeres se animen, y se integren a esta actividad que no siempre es fácil pero que vale la pena y que esta 'acción afirmativa' sea un mecanismo para lograr mayor participación de mujeres”, dijo. Consideró que para ello también es fundamental el “empoderamiento” político de las mujeres y su participación en la toma de decisiones, en todos los niveles de gobierno, porque ello contribuirá al buen gobierno y al logro de un desarrollo sostenible.
Precisamente la esencia para la sustentabilidad de lo que se pretende es un cambio cultural en cuanto a que la propia mujer, desde sus respectivos ámbitos, sienta la necesidad de integrarse a la actividad política.
Es que más allá de la intención de lograrlo a través de cuotas, el punto es que por su propia naturaleza, la mujer suele tener áreas de interés que no necesariamente coinciden con las del hombre, y ello explica que por ejemplo haya áreas en que supuestamente los dos sexos deberían tener una representación similar. Por ejemplo en magisterio, el 90 por ciento de quienes lo ejercen son mujeres, y a nadie se le ocurre que por ello haya que modificar este esquema mediante una norma que imponga una cuota igualitaria.
De la misma forma, a partir de épocas en que una mujer profesional era una rareza, --por culturas eminentemente patriarcales-- con el devenir de las décadas cada vez tenemos más mujeres en el ejercicio de profesiones como la medicina, donde el porcentaje es mayor que el de los hombres; el derecho --hay más escribanas y abogadas que colegas masculinos-- y a la vez, en la educación terciaria en nuestro país también hay un mayor porcentaje de mujeres.
Y a nadie se le ocurre rasgarse las vestiduras por ello, sino que se trata de espacios en los que la mujer interviene y crece en participación en el marco de cambios culturales que se han ido procesando con el devenir de los tiempos.
En este proceso de cambios culturales, la aprobación de proyectos como el de cuota femenina en el Parlamento, apunta a acelerar artificialmente estos cambios, porque en los hechos en lo que refiere a derechos hay una situación igualitaria y nada impide que las mujeres se integren a listas y de no tener espacios, tengan sus propias opciones electorales que sean sometidas a la voluntad soberana de las urnas, donde hombres y mujeres tienen la misma representación.
Y esto nos lleva a considerar la manifestación de un factor colateral cuando se imponen cuotas, en el área que sea, porque en política, como en todos los órdenes, no estamos ante piezas de recambio en las que da lo mismo una que otra, sino que hay de por medio personas con aptitudes, trayectorias y capacidades que pueden no ser reconocidas cuando se impone un sistema de cuotas, en el que se atiende por ley el género antes que los méritos personales.
Por supuesto, nadie ignora que en la vida política no se trata solo de méritos cuando de puestos en listas y cargos se trata, sino que hay amiguismos, componendas, favores, etcétera, que determinan quién va y quién no, pero la cuota, más allá de la intención de generar condiciones de equidad, en lugar de acomodar los zapallos, incorpora otro elemento más que se presta a la distorsión.
De la misma forma en que se puede opinar que la cuota de género es valedera, también podríamos reflexionar que no hay enanos representados en el Parlamento, como tampoco albinos, tal vez los afrodescendientes estén subrepresentados, como los zurdos o transexuales, y habría que buscar la forma de contemplar estas postergaciones por ley.
Son ejemplos extremos, pero que no pueden sonar extraños en tiempos en que se suelen mentar las posturas “políticamente correctas” como una forma de atender iniquidades, inventando una “discriminación positiva” --si es que existe-- aunque muchas veces pretenden disimular o expiar formas de hipocresía, porque muchos de quienes apoyan o dicen estar de acuerdo con determinada concepción expresan privada o íntimamente otras posturas.
Pero es una salida elegante, al fin de cuentas, porque se queda bien para no ser “masacrado” por colectivos de minorías que ejercen sistemáticamente mucha presión, organizan movilizaciones y “escraches” y alzan más la voz que el resto. Y mal que pese, es una práctica de intolerancia manifiesta, aunque tenga el maquillaje de reivindicación por igualdad de derechos.


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